Me llamaron Valentina, y sí, ése bebé soy yo.
Para empezar a hablaros sobre quién soy, primero debo contaros cómo llegué hasta aquí.
El hombre que me sujeta, es mi padre, fotógrafo con tintes de pianista.
Mis padres se conocieron trabajando en una boda y siendo compañeros durante años en el estudio de fotografía que fundaron mis abuelos en Córdoba-Argentina, así que supongo que la pasión por retratar me viene de cuna y pasar mucho tiempo en un estudio de revelado.
Años más tarde cruzamos el atlántico y fui desarrollando ciertas aptitudes que me llevaron hasta el día de hoy, con unas ganas locas por crear.
¡Hola!
Volvamos al presente…
Hay pocas sensaciones que me llenen tanto como pensar que podréis revivir, lo que para muchos de vosotros es el día más bonito de vuestras vidas, en 10, 20, 30, 40 años…
Porque no ofrezco un servicio o un producto, es vuestra historia de amor hecha película.
Como ya habréis leído, creo fielmente que los recuerdos tienen un valor incalculable.
Revivir casi con los cinco sentidos a vuestros amigos y familia. El amor con el que os mirabais ése día y recordar lo que fuisteis, sois y seréis el uno para el otro en el camino de la vida.
¿Me dejáis formar parte de vuestra historia?
Llevo diez años trabajando en bodas y la experiencia me ha dado un carácter profesional pero sin perder mi esencia.
Soy muy detallista, risueña, extrovertida y me encanta ganarme la confianza de quien tengo delante de cámara, para siempre buscar vuestra comodidad y la naturaleza que os determina. Pero sobre todo, busco que disfrutéis de cada momento pasando desapercibida.